Gracias...
... por abrirme la puerta a parcelas mías que no veía.
Sigo teniendo cosas que decirte, pero imagino que no importa demasiado.
Sigo pensando que mereces la pena. No por lo que hagas o lo que digas, sino porque sigo estando a gusto contigo cuando solamente hay silencio.
Pienso que el silencio es una de las cosas más hermosas que existen. ¿No creeis?
lunes, agosto 30, 2004
miércoles, agosto 25, 2004
El conocimiento te hace más libre...
...pero más infeliz en mi caso. Porque todo lo nuevo implica que hay algo que no era como se pensaba. Y para alguien cuya concepción del mundo y del universo en general es sencilla, donde todas las piezas encajan, el descubrir que hay más piezas, muchas más piezas, para encajar resulta algo más traumático y complicado que otra cosa. Obviamente resulta clarificador, lo que creo que es bueno para mí dado que me hace más conocedor del medio en el que me muevo; pero es indudablemente trabajoso. Y más cuando descubres que esas piezas suelen obedecer a patrones que no me gustan, y que incluso odio.
El ser consciente de los dobles raseros, las comidillas, las manipulaciones sutiles a las que estamos enfentados, las puñaladas traperas, y un largo etcétera de elementos que forman parte de la vida cotidiana de las personas hacen que la idea de un genocidio global cobre de pronto un inesperado atractivo. Claro, es evidentente que el ser humano decidió hace mucho abandonar las selvas de África para poder montar una propia donde quisiera y poner él las reglas. El culmen de la evolución en este planeta.
Menos mal que estais vosotros, amigos míos, para ayudarme a ensamblar de nuevo el puzzle.
Publicado por Earendil en 8/25/2004 01:17:00 p. m. 0 comentarios
jueves, agosto 19, 2004
Acabo de volver de comprar mi cuerda para la guitarra...
... y la verdad es que suena muy bien. He estado antes un rato en la Plaza de Oriente afinando y rasgueando un poco las cuerdas de ese instrumento que tiene más años que yo. Creo que estoy empezando a entender por qué se le tiene tanto cariño a las guitarras.
Bueno, la tristeza y la perplejidad de ayer han dejado paso a la incertidumbre y al cabreo. Creo que no tardarán en convertirse de nuevo en tristeza, pero mientras eso pasa creo que voy a guardar los puñales; me hormiguean demasiado en las manos y creo que eso es malo.
Y creo que me ayudará mucho contar lo acaecido este fin de semana en tierras gallegas. A ello.
Mi preciosa Wineber me invitó hace unas semanas a subirme con ella a las fiestas del pueblo de sus padres. Finalmente me decidí a aceptar su invitación, y reconozco que no me arrepiento para nada de haberlo hecho: ha sido uno de los mejores findes que recuerdo.
El relato del viaje comienza en la estación de autobuses de Méndez Álvaro, en uno de los nuevos autobuses de Auto-Res, cuando nos damos cuenta de que, a pesar de ir en el servicio Express de la compañía (algo así como la Business Class de Iberia), nuestros asientos no cuentan con la opción de reclinar el respaldo, dado que no han dejado espacio alguno entre ellos y la luna trasera del autobús. Eso sí, son de cuero y son anchos.
El viaje, de cerca de seis horas de duración, hasta la estación de Vigo no ofrece incidente alguno, salvo cuando somos súbitamente conscientes de la existencia de un elemento del reino animal, algo así como una polilla transdimensional, con la forma del destructor estelar de Vader, ubicada justo encima de nosotros, en el portaequipajes. En la vida he visto un insecto tan grande. Afortunadamente hizo lo que cualquier polilla hace cuando no se está dando de cabezazos contra las bombillas, y no se movió durante todo el trayecto.
Bajamos del autobús en Vigo. ¡Cielos! Una temperatura agradable y una humedad aceptable. La cosa empieza bien. Esperamos a que aparezcan los padres de mi preciosa acompañante mientras nos tomamos unos refrescos en la cafetería de la estación, a un precio aproximado de un tercio de lo que nos han cobrado en Méndez Álvaro por la mañana. Definitivamente me tengo que largar de Madrid.
Aparecen los encantadores progenitores de Wineber (claro, de un padre majísimo y una madre encantadora solamente puede salir algo tan maravilloso como ella) y vamos a hacer compra a un supermercado cercano.
Creo que este es un buen momento para decir algo sobre las fiestas de ese pueblo (Redondela), y de la manera que tiene de vivirla esta distinguida familia junto con el resto de los habitantes: consiste básicamente en invitar a cuantos más invitados mejor, darles su mejor comida (no tengo palabras) y su mejor bebida (menos palabras aún), y preocuparse que no les falte de nada. Pero vayamos por partes.
Llegamos a nuestro destino cargados hasta los topes. Me bajo del coche, y mientras entramos la compra (compraron hasta almohadas por si faltaban) tengo tiempo para mirar hacia arriba un par de segundos y contar el número de pisos de la casa color salmón que se yergue ante mí. Tres plantas. Sí, definitivamente en algún momento me iré de Madrid.
La ronda turística por la casa no hace más que reafirmar esto último: en la planta baja hay un choco inmenso con su mesa de piedra donde caben dieciocho personas cómodamente (testeado) y su cocina, una encantadora salita de estar con su cuarto de baño y, ¡por Júpiter! una bodega con sus barricas y todos los avíos necesarios para llevar a cabo la noble tarea que es la fabricación del vino. Yo me quiero venir a vivir aquí.
La primera planta cuenta con el salón, las habitaciones principales, y la cocina principal. Unas escaleras suben al piso superior o, como lo llama Wini, la planta de la juventud. En efecto, aquí están las habitaciones para la gente joven, junto con una encantadora salita de estar donde entra la suave luz del atardecer.
Dejamos nuestro equipaje en las habitaciones y bajamos a saludar a unas de las tías de Wini, una encantadora mujer de pelo blanco y admirable energía, la cual nos espera sentada en una silla fuera de la casa. Un paseo por la inmensa finca me muestran una encantadora parra con otra mesa de piedra (de cerca de un par de toneladas de peso) y una hamaca. Dios, esto es el Valhalla.
Doblamos la esquina y aparece un venerable hórreo, junto con varios árboles frutales. A lo lejos se dibuja la línea de los viñedos. ¿Ribeiro? No, me contesta el padre, es uva de Albariño. Reitero, esto es el Valhalla.
Nos sentamos en la salita del segundo piso a disfrutar de los últimos rayos de sol que entran por la ventana cuando ¡oh!, descubro que tienen una guitarra de cuando las niñas eran pequeñas. Intento afinarla con algo de éxito, y al rasguear por segunda vez la cuerda de Mi se rompe con un sonoro chasquido. Últimamente se ve que tengo la negra con las cuerdas. Mis intentos por recomponer la cuerda, que por otra parte tiene más de dos décadas, son infructuosos, mientras ellos me dicen que por favor, que no importa, que hace mucho que no la toca nadie, y además en esa casa nadie sabe tocar una guitarra. Que majos que son :).
En la cena soy consciente de la maestría que posee la madre de Wineber cuando se pone a los mandos en la cocina. La tortilla de patatas es la mejor que he probado en años, desde aquellas tan buenas que hacía mi difunta abuela, en paz descanse. Los langostinos son frescos y sabrosos y los pimientos de padrón están excelentes; ambos alimentos estarán presentes en todas las comidas siguientes. Como hasta hartarme, regando la comida con el magnífico vino casero, mientras soy animado por alentadoras frases como "Si quieres más hay más", o "Tú bebe, que quedan cuatrocientos litros en la bodega". No tengo palabras. Pero lo mejor está por llegar, y lo mejor es nada menos que un licor de café casero que hace la madre de Wineber, que nos bebemos placenteramente en la sobremesa. Por el escudo y la espada que nunca he probado una bebida alcohólica tan deliciosa.
Los dos días siguientes son una sucesión de comidas de cinco tenedores y en la más grata compañía que pueda imaginarse, de mano de más integrantes de la familia, y de amigos de la misma. El domingo nos juntamos a comer nada menos que dieciocho personas a la mesa. El menú lo abre una ensalada excelente y enormes bandejas de nécoras, cigalas y langostinos, amén de croquetas de jamón caseras y calamares. Sigue una carne tan tierna que parece que se deshace en la boca, acompañada de patatas cocidas y empanadas de carne y de bonito como nunca antes había probado. De postre hay helados variados y fruta de los árboles que tiene la finca. Nunca faltaron ni el vino ni el licor café a las citas culinarias. Este fin de semana he conocido realmente el significado de estar lleno.
Una curiosidad que recuerdo ahora es que este es el único sitio que he visto donde las misas se radian por altavoces situados en la torre de la parroquia. Ignoro si es algo que se hace solamente en fiestas o es el pan de cada día, pero me pareció curioso. Pero menos curioso que el hecho de que, cuando terminó la misa, pusieron música variada por esos mismos altavoces, la cual no paró durante todo el fin de semana. Y cuando digo música variada me refiero a que pusieron maravillosos temas de música celta, canciones del verano, algún que otro hit de OT, alguna pieza pedida de música clásica... en fin, variado a más no poder. Solamente les faltó poner algo de Heavy.
Por las noches bajábamos a la verbena que había montada en la plaza de la parroquia, y este era uno de los momentos más divertidos de la jornada, ya que Wineber y Víctor sacaban los puñales verbales y arremetían contra la variopinta avifauna que se encontraba en la plaza, mientras éstos bailaban al son de las canciones del verano. Aunque alguno de los grupos se marcó algún que otro pasodoble y alguna que otra canción folklórica, y debo añadir que los chavales no lo hacían mal, no me pareció nada adecuado. La gente parecía echar de menos la típica charanga del pueblo, con sus inevitables y románticos elementos: el grandote de la tuba, las niñas de los tambores, los chavales con las trompetas y los trombones... pero vamos, los puestos con cubatas a un precio irrisorio y las finas estocadas verbales de mis compañeros aseguraban la diversión.
Dormir un ingente numero de horas, charlar agradablemente sentados debajo de las verdes hojas de la parra, y una fantástica sensación de estar a gusto y relajado han sido los componentes que han completado el cuadro de este fin de semana, perfecto desde todo punto de vista.
Quiero volver.
Publicado por Earendil en 8/19/2004 09:23:00 a. m. 0 comentarios
miércoles, agosto 18, 2004
Definitivamente...
... la vida es auténtica y genuina; y las personas más; y aquellas que caen dentro de mis círculos más aún.
Alea jacta est.
Publicado por Earendil en 8/18/2004 01:27:00 a. m. 0 comentarios
martes, agosto 17, 2004
Toma tres
Se me ha borrado la entrada ya dos veces. No escribiré más hoy.
No me apetece ni siquiera resumir lo que estaba diciendo, distinto en ambas.
Me apetece irme a casa.
Me apetece olvidarme de este puto universo de mil máscaras y de mil caras, y encerrarme con mi flauta y con mi guitarra a la que desde ayer le falta la cuerda del Re.
Me apetece olvidarme de todos.
Me apetece olvidarme de mí mismo durante un rato.
Me apetece olvidarme de que tengo que olvidar.
Lo siento preciosa, pero la entrada diciendo lo fantástico que ha sido este fin de semana tendrá que esperar para otra ocasión.
Publicado por Earendil en 8/17/2004 02:49:00 p. m. 0 comentarios
jueves, agosto 05, 2004
Reacciones
Las reacciones de las personas con las que compartimos nuestra vida suelen sorprendernos, en mayor o en menor medida. Y creo que es bueno; porque nos demuestra día a día que nuestra mente, dentro de su grandeza, es bastante limitada y que hay situaciones que no se pueden preveer, y que si se preveén, nunca se pueden saber las consecuencias últimas de nada.
Ahora bien, ¿por qué nos sorprenden las reacciones ajenas, de manera que no somos capaces de entender qué se esconde detrás de ellas?
Voy a intentar responder a esta pregunta.
Así pues, tenemos que la gente reacciona. Ahora bien, habría que definir qué es reaccionar, o mejor, qué es una reacción. Reacción es la forma en que algo o alguien se comporta ante un determinado estímulo, según la RAE.
Bien, esto quiere decir que una reacción es una forma de comportamiento motivado por una acción anterior. Y cuando esto se aplica a las personas, tenemos que una reacción es una respuesta de cualquier tipo a esa acción anterior. Esto no tiene complicación alguna.
Sin embargo ¿cómo de elaboradas son las respuestas que emitirá un sujeto? Yo aquí dividiría los tipos de respuestas en dos: respuestas inconscientes y respuestas conscientes. Éstas requerirían de algún tipo de pensamiento o pensamientos conscientes y voluntarios por parte del sujeto, mientras que aquellas simplemente serían una respuesta en la cual no tienen parte ni la consciencia ni la voluntad del mismo.
Y dado que todos nosotros nos encontramos siempre en una situación, o circunstancia determinada, es evidente que son los cambios de esa nuestra circunstancia los que motivan nuestras diversas reacciones, tanto conscientes como inconscientes.
Y cuando se habla de la circunstancia propia, se habla la imagen que un sujeto tiene del mundo en que vive. Y esa imagen, como un cuadro embrujado, va cambiando según pasa el tiempo. Y ese cuadro tiene dos autores: el primero nosotros mismo, y el segundo el propio cuadro, sensible a todo cuanto le llega.
Ahora bien, cuando un sujeto conoce a otro, las imágenes de ambos quedan alteradas en consecuencia. Y cuanto más estrecha es la relación entre esos dos sujetos, más alteradas resultan las imágenes originales, y más importancia cobra la imagen ajena para el otro.
Así tendremos a personas cuyas imágenes entrarán en contacto con la nuestra de una forma meramente superficial, y cuya incidencia en nuestra imagen será de igual modo. Asímismo, los amigos, parientes, y amados, tendrán por fuerza una gran importancia e influencia en nuestra imagen del mundo, y serán autores con la libertad y la potestad (dada por nosotros) para dar las pinceladas que crean necesarias en nuestro cuadro.
La sorpresa viene cuando uno de los sujetos da una pincelada que entra en desacuerdo con la filosofía del cuadro del segundo. Entonces el segundo no lo entiende, y su pincelada de respuesta en el cuadro del primero carece de la armonía que había sido la tónica reinante antes, aturdido como está por la sorpresa. Porque esa armonía había nacido del conocimiento de la imagen del otro, conocimiento que siempre es incompleto, por más que se suela pensar que se tiene entero. Y cuando surge una pincelada que rompe esa armonía siempre se suceden la sorpresa y la incomprensión primero, y la incertidumbre después. Porque es evidente que ambos cuadros han cambiado completamente, y entonces será necesario volver a iniciar un camino de acercamiento y conocimiento del otro para restablecer la armonía perdida.
Sin embargo, si se consigue restablecer esa armonía, ambos cuadros quedan mucho más enriquecidos, puesto que han sido capaces de cambiar para que esas pinceladas carentes de armonía vuelvan a ser igualmente armónicas con el conjunto.
Ahora bien, solamente creo posible que esto ocurra si ambos autores se molestan en escuchar lo que el otro tenga que decir acerca de su cuadro. Si hacen esto sin duda podrán encontrar una base común sobre la que vuelva a nacer la armonía.
Creo entonces que es evidente, según todo lo anterior, que la frustración por la incapacidad de comprender reacciones ajenas nace de la presunción de que se debería tener el conocimiento completo y total del otro sujeto, presunción ilógica y desde luego irreal.
La capacidad de sorprenderse por las reacciones ajenas debería ser considerada como algo divino y enriquecedor, amén de una oportunidad para ensanchar entendimiento y conocimiento acerca de las personas que tenemos más cercanas, que son las que nos hacen el favor de ser merecedoras de nuestra amistad, de dar pinceladas en nuestro particular cuadro.
Todo este discurso solamente tiene la intención de decir esto: si alguien no reacciona como esperábamos que reaccionase siempre merece la pena averiguar por qué ha reaccionado así. Eso en el caso de que sea realmente interesante para nosotros continuar la relación, evidentemente. Será enriquecedor, y nos ayudará a conocer mejor a la otra persona y a nosotros mismos. Yo, desde luego, solamente le veo ventajas.
Publicado por Earendil en 8/05/2004 01:36:00 p. m. 0 comentarios
domingo, agosto 01, 2004
Uno para tí
Bienaventurada, Amiga Adorada,
la tierra que miró y te vio nacer;
pues supo sin que fuera menester
más razón, que era tierra afortunada.
Bienaventuradas son, Dulce Hada,
pues tienen la dicha y el poder
de acariciarte y refrescar tu ser,
las gotas que caen de una cascada
Bienaventurados, peral, ciruelo
el roble, el haya, el fresno, plantas bellas:
pues por darte sombra brotan del suelo.
Bienaventuradas, Bella, las estrellas,
que salen cada noche al alto cielo
sólo para que mires hacia ellas.
Publicado por Earendil en 8/01/2004 06:07:00 p. m. 0 comentarios